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| Alejandro
de Humboldt y el Perú |
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Humboldt
y su experiencia peruana |
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Humboldt y Lima |
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Lima vista por
Humboldt |
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| Alejandro de Humboldt
y el Perú |
Autor: Eduardo
Orrego Acuña. Publicado en: La casa de
cartón, Revista de Cultura, de OXY, II
Época N°12, 1997. |
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Humboldt y su experiencia
peruana
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Desde aquel dos
de agosto de 1802 en que hizo su ingreso a nuestros
dominios por Lucarque y Ayabaca, proveniente de
Loja, hasta el 24 de diciembre del mismo año,
en que se embarcara en el puerto del Callao, rumbo
a Guayaquil y Acapulco en la corbeta La Castor,
Humboldt no sólo tomó nota de las
características fisicas y geográficas
del Perú, sino que pudo profundizar en
el ámbito histórico y en los aspectos
político, económico y social, dejándonos
a partir de sus apreciaciones todo un cuadro detallado
de la vida peruana [véase Vegas Vélez,
1991, pp. 16-17; Minguet, 1969, pp. 170-175].
Lo sorprendente es la minucio sidad con la que
Humboldt llevaría a cabo sus estudios,
más aún si se considera que su viaje
al Perú fue, si se quiere así, producto
del destino y no de la premeditación. Humboldt
cuenta en su libro Viaje a las regiones equinocciales
del Nuevo Mundo que el propósito de su
venida al Perú y concretamente a Lima fue
doble. Primeramente, unirse a una expedición
de circunnavegación dirigida por el capitán
francés Nicolás Baudin que en el
año 1800 había hecho descubrimientos
en los Mares del Sur, Nueva Holanda y Nuevo Gales
del Sur (actual Australia) y que en esta oportunidad
tenía programado dirigirse nuevamente hacia
las islas del Pacífico, proveniente de
Francia, tan pronto el gobierno de la república
francesa le destinara los fondos necesarios [consúltese
Humboldt, 1958, p. 411 ; Vegas Vélez, 1991,
p. 61 nota a pie de página]. Humboldt se
había enterado en La Habana de que las
corbetas Le Géographe y Le Naturaliste,
bajo el mando de Baudin, darían la vuelta
por el Cabo de Hornos y pasarían por el
puerto del Callao hacia el año 1802 [véase
Humboldt, 1958, p.411]. Decidió por ello
ir en lugar de a Méjico y las Filipinas,
a territorio sudamericano enrumbando hacia el
Perú. Sin embargo, la expedición
de Baudin cambió de dirección cuando
ya Humboldt se hallaba camino a Lima. |
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Humboldt, fascinado
como muchos noreuropeos por los lugares remotos
y exóticos, llevaba muy adentro la ilusión
de empalmar desde Lima con las islas de la Polinesia
navegando por el Pacífico. He aquí
lo que nos confiesa: “La idea de ver el
Mar del Sur [El Pacífico] tenía
algo de solemne para quien le debía una
parte de su formación y mucho de sus gustos
e inclinaciones a la estrecha vinculación
con uno de los compañeros del Capitán
Cook [Jorge Forster]. Mis planes de viaje ya los
había conocido Jorge Forster desde temprano
...” [Humboldt, 1958, p. 411; James Cook
(1728-1779): navegante inglés, descubridor
de Nueva Zelandia; Jorge Forster (1754-1798):
amigo de Humboldt, viajero, revolucionario, naturalista
alemán]. |
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A pesar de lo
sucedido, hubo una segunda motivación que
trajo a Humboldt a Lima: poder observar el paso
de Mercurio por el disco del sol en el Callao,
pronosticado para el 9 de noviembre de 1802, algo
que serviría para determinar mejor la longitud
del Callao, y la parte del sudoeste del Nuevo
Continente. [Véase Humboldt, 1958, p. 411;
Raymondi, 1879, t. 3, p. 17]. |
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No cabe duda
que conforme Humboldt avanzaba por la cordillera
de los Andes desde Quito hacia el Perú
nuevos incentivos surgieron. No sólo ver
por vez primera el océano Pacífico
con el que soñaba a partir de la lectura
de relatos como los de Vasco Núñez
de Balboa, sino hacer estudios sobre los orígenes
del Marañón (considerado entonces
como el Amazonas), la cordillera, la flora, la
fauna, los vestigios prehispánicos, por
nombrar algunos [ver Botting, 1981, p. 143; Vegas
Vélez, 1991, pp. 13-18]. |
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Multifacética
era su personalidad, siempre atento a lo que la
naturaleza le presentaba. Apreciaciones de botánica:
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sobre la quina y sus propiedades,
mimosas, ceibas, bougainvilleas, limonares, naranjales,
la papaya, la chirimoya, los frutos del Vejuco
de la Peca. |
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Estudios sobre fauna: los
tordos negros, los turpiales. Visitas de ruinas
incas en Chulucanas y de tambos cerca de Pomahuaca.
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Historias legendarias sobre
un supuesto hombre de las selvas cerca de Tomependa
y del Marañón [ver Vegas Vélez,
1991, pp. 14-41; Minguet, 1969, pp. 170-173; Núñez,
1971, p. 197]. |
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Apuntes sobre la explotación
de algodón y azúcar, como quien
se desplaza hacia Chachapoyas. |
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Estudio de la explotación
de plata en las minas de Hualgayoc y constatación
de su bajo rendimiento. |
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Conversación en Cajamarca
con descendientes de Atahualpa (la familia Astorpilco).
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Excursión por el valle
de Chicama y por el río Virú cerca
de Trujillo, donde los españoles escucharon
en los inicios de la conquista por boca de un
indio decir “Pelu” en alusión
al río y asumieron que se trataba del nombre
de esas tierras. |
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Conocimiento de las ruinas de Chan Chán
y del señor del gran Chimbo [compárese
Vegas Vélez, 1991, pp. 47-75, sobre el origen
del nombre Perú, ibid., p. 68; ver Minguet,
1969, pp. 173-175; sobre las minas de Hualgayoc
remitirse a Faak, 1982, p. 302]. |
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Y así
hasta llegar a Lima, punto central de su permanencia
en nuestro país. Se ha dicho que Humboldt
redescubre el Nuevo Mundo, y lo hace gracias a
su acercamiento científico a las distintas
realidades. Pero, aparte del hombre de ciencias
que llega a estudiar acertadamente el clima del
Perú y determina que el frío de
la costa no se debe a la cordillera, sino al agua
fría del litoral (corriente que lleva su
nombre) [ver Vegas Vélez, 1991, p. 90],
reconocemos en Humboldt al humanista, al portador
de las ideas de la Ilustración y al testigo
de los más trascendentales acontecimientos
ocurridos en Europa a fines del siglo XVIII: la
revolución francesa, sobre todo. Humboldt
celebra los logros iniciales de esta gran causa,
la Declaración de los Derechos del Hombre
de 1789 [Minguet, 1969, pp. 27, 29 y 78]. Con
estas ideas se embarca en su viaje a la América
española que se encuentra en los últimos
años de dominio colonial, en vísperas
del proceso de emancipación [Faak, 1982]. |
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Si bien Humboldt
está agradecido con el primer ministro
Mariano de Urquijo y con el rey de España
Carlos IV, quienes le posibilitan acceder a las
colonias españolas de América, otorgándole
un permiso [Botting, 1981, pp. 54 y 56; Humboldt,
1811, t. 1, Dedicatoria al rey de España],
esto no le impide expresar en sus diarios de viaje,
su rechazo a los regímenes coloniales:
“Todo gobierno colonial es un gobierno de
desconfianza. Allí se distribuye la autoridad
no según lo que exige el bien público
de los habitantes sino según la suspicacia
de que esa autoridad pueda unirse o ligarse demasiado
al bien de la colonia y convertirse en peligrosa
para los intereses de la metrópoli”
[Faak, 1982, p. 63]. |
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Cuando Humboldt
llega a la América española ya se
han producido algunas conspiraciones e insurrecciones
contra el régimen colonial. Sobresalen
los levantamientos antiesclavistas de negros en
Coro, Venezuela (1795), la conspiración
de los criollos con ideas jacobinas Manuel Gual
y José España en la misma Venezuela
(1797), disturbios en Nueva Granada en 1781, intrigas
en las que termina involucrado Antonio Nariño,
el levantamiento de Túpac Amaru ocurrrido
entre 1780- 1781, sin olvidarnos por supuesto
de los trabajos secretos de un Francisco de Miranda
quien en 1790 comenzó a negociar con los
ingleses para conseguir apoyo en aras de la independencia
de América o de un Juan Pablo Vizcardo
y Guzmán que formula su famosa Carta a
los Españoles Americanos en el exilio [véase
sobre Venezuela, Minguet, 1969, p. 252; sobre
Nueva Granada, Beck, 1959, t. 1, pp. 187-188;
sobre Túpac Amaru, Faak, 1982, pp. 316-317;
además ver Botting, 1981, p. 82]. |
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Entre todas estas
manifestaciones, Humboldt tuvo especial curiosidad
por el levantamiento de Túpac Amaru. En
Lima se informó exhaustivamente sobre este
levantamiento haciendo uso de documentos de la
Audiencia y recurriendo a los Comentarios reales
de Garcilaso de la Vega, el Inca, para ahondar
sobre ciertas fases de la historia del virreinato.
Un análisis crítico de las causas
del movimiento de Túpac Amaru lo llevó
a concluir que este líder luchó
por encima de todo, movido por aspiraciones personales,
tales como el derecho al marquesado de Oropesa
en calidad de descendiente directo del último
Inca de Vilcabamba (Túpac Amaru I), y además
llegó a señalar que eran visibles
las pretensiones despóticas del cacique
[Faak, 1982, pp. 316-317]. |
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Humboldt sería
aún más firme al expresar en sus
escritos de posterior data que el movimiento de
Túpac Amaru carecía de una fuente
ideológica consistente: “Por más
extraordinario que haya sido este suceso, sus
causas no estuvieron de ninguna manera ligadas
a los movimientos que habían surgido en
las colonias inglesas por el progreso de la civilización
y el deseo de un gobierno libre. Aisladas del
resto del mundo, sin tener más comercio
que con los puertos de la metrópoli, el
Perú y Méjico no tomaron ninguna
parte en las ideas que agitaban a los habitantes
de la Nueva Inglaterra” [Humboldt, 1811,
t. 2, p. 817]. |
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Más allá
del estilo propio de Humboldt, algo duro y categórico
al juzgar asuntos políticos y sociales,
suscribimos la opinión que Antonio Raymondi,
viajero italiano venido al Perú en 1850,
vierte en su obra El Perú sobre el sabio
alemán: |
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“Este afamado
naturalista, unía a un gran talento para
las ciencias de observación, un sano criterio
y una tendencia manifiesta a las ciencias especulativas:
armónico conjunto que sólo es patrimonio
de las más privilegiadas inteligencias.
Vinieron en auxilio de estas ventajosas dotes
personales, la poderosa protección de los
monarcas, y la felicidad de tener por campo de
sus trabajos un nuevo Mundo en toda la extensión
de la palabra” [Raymondi, 1879, t. 3, p.
15]. |
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Raymondi nos
proporciona además un corto resumen de
la permanencia de Humboldt en el Perú resaltando
sus trabajos geográficos y la delimitación
que Humboldt hiciera de las fronteras del entonces
virreinato [Ibid., t. 3, pp. 14-20]. |
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Bastante esclarecedoras
nos resultan luego las siguientes palabras del
estudioso italiano: “Desgraciadamente para
el Perú, Humboldt no pudo dedicar sino
muy pocos meses al estudio de este favorecido
país, no dejando en él tan luminosas
huellas de su tránsito, como en otros lugares
de América (...) este célebre sabio
tan sólo visitó una parte del Norte,
y la costa comprendida entre Ica y Trujillo. Así,
aunque Humboldt escribió mucho, no consagró
ninguna obra particular a sus viajes por el Perú,
hallándose todos los datos relativos a
este país, repartidos en las numerosas
publicaciones que hizo sobre diferentes ramos...
En cuanto a su viaje por el Norte, existe una
interesante memoria titulada: Le plateau de Cajamarca”
[Ibid., t. 3, p. 15]. |
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El lugar que
Humboldt le dio al Perú al interior de
su viaje americano y el tiempo que le dedicó,
ciertamente que han influido en el grado de repercusión
que este personaje ha tenido en nuestra historia.
En este sentido, el historiador Rubén Vargas
Ugarte señaló algo muy interesante:
“Si el genio de Humboldt reveló a
los mexicanos lo que era y lo que podía
ser la Nueva España, a nosotros nos vino
a dar una lección semejante la expedición
francesa de Godin y La Condamine,) de la cual
formaron parte los marinos españoles Jorge
Juan y Antonio Ulloa y más tarde las expediciones
de Ruiz y Pavón, de Malaspina y de los
metalúrgicos a órdenes del Barón
de Nordenflicht” [Vargas Ugarte, 1966, t.
5, p. 213; Charles Marie de la Condamine (1701-1774),
naturalista francés que viene al Perú
hacia 1735 con el astrónomo Bouger, para
medir un arco del meridiano; H. Ruiz y J. Pavón,
estudiosos españoles, visitan el Perú
entre 1778-1788; Malaspina, capitán de
navío de la armada española, vino
al Perú con Tadeo Haenke hacia 1789; Timoteo
de Nordenflycht, sueco de origen, viene en 1789
al Perú con una expedición minera
alemana]. |
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Cualquiera que
sea la interpretación que se le dé
a estas líneas, Humboldt vivió con
intensidad sus cuatro meses y medio en el Perú
y a pesar del corto tiempo, nos dejó un
legado que ha bastado para inscribirlo en nuestra
memoria y recordarlo cada vez que contemplamos
nuestro extenso mar. |
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No son poco conocidas
las críticas que Humboldt hiciera en 1803,
en carta escrita en Guayaquil y dirigida a su
amigo el gobernador de Jaén, Ignacio Checa,
acerca de Lima y su triste situación política
y económica y de la pobre conciencia nacional
de los limeños, entre otros aspectos [véase
el texto de la carta en Vegas Vélez, 1991,
pp . 86 y 87]. Humboldt se expresa sin tapujos
y con bastante severidad sobre la capital del
virreinato del Perú, después de
haber concluido su estadía en nuestras
tierras. Pero, ¿qué lo llevó
a tales conclusiones?, ¿qué esperaba
encontrar en Lima? |
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Revisemos un
poco sus vivencias. Humboldt llegó a Lima,
procedente de Trujillo, Chimbote y Casma en un
viaje por tierra. Permanecería en la capital
del 23 de octubre de 1802 hasta el 24 de diciembre
del mismo año. Su venida no estuvo exenta
de incomodidades: “Después de haber
sido detenidos por falta de mulas en Trujillo,
partimos de allí el 7/10/1802 en literas.
Don Jorge Juan las ha ilustrado bien. Una litera
vale 40 pesos, se la revende por 20 en Lima, se
paga por la conducción (dos mulas y un
literero) a caballo de Trujillo a Lima, 40 pesos.
Eso se asemeja a un camarote de una mala embarcación.
Uno es furiosamente sacudido, hay muchas personas
que vomitan (se marean), esto sucede hasta a los
perros, uno puede estar acostado o sentado, nada
es bueno” [Vegas Vélez, 1991, p.
70]. Y señalará además :
“¡Qué diferente esta costa
del Perú sin verdor, sin árboles,
sin lluvias desde Ica a Piura con la de los Yumbos,
de la Esmeralda, de Guayaquil, donde la naturaleza
en un clima cálido y húmedo ha producido
un mundo de plantas, donde la vegetación
es la más frondosa, majestuosa como la
de los ríos al oriente de los Andes”
[Ibid., p. 71]. |
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El camino por
el desierto costeño indudablemente impactó
a Humboldt, que se había internado previamente
en los paisajes exuberantes de las orillas del
Marañón o en la zona septentrional
de la América del Sur (las selvas del Orinoco)
o en aquellos otros de la región andina.
Humboldt venía a Lima con determinadas
ideas preconcebidas, prejuicios se podría
decir: “En Europa nos pintan a Lima como
una ciudad de lujo, magnificencia, hermosura del
sexo ... “ [Núñez, 1971, p.
197]. |
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Pasó por
Chancay, luego el Ramadal y finalmente ingresó
a Lima de noche a través de la Portada
de Guía, como han investigado Estuardo
Núñez y Georg Petersen. En la capital
se alojó junto al convento de San Juan
de Dios (cerca de la actual Plaza San Martín),
antes de trasladarse el 7 de noviembre de 1802
al Callao para hacer sus observaciones al borde
del mar, del pasaje de Mercurio por el disco solar
[ver Núñez, 1971, pp. 15 y 162 ;
Raymondi, 1879, t. 3, p. 17]. |
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Fue recibido
muy afectuosamente, como explica el historiador
Minguet [Minguet, 1969, p. 174] y como ha quedado
documentado en cartas de Humboldt al virrey de
la Nueva Granada, Pedro Mendinueta y al gobernador
de Jaén José Ignacio Checa [ver
Núñez, 1971, pp. 179 y 198]. Humboldt
escribe: “El señor Virrey y el Regente
[don Manuel Antonio de Arredondo] a quienes el
señor Mendinueta nos había recomendado,
el inspector Villar, Aguirre, Balcázar,
Gainza y puedo decir todo Lima nos ha tratado
con muchísima distinción y cariño”
[Ibid., p. 198]. |
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La
llegada del viajero germano sucedía casi
un año después de que el marqués
Gabriel de Avilés Iturbide y del Fierro
hubiera ingresado a Lima como nuevo virrey del
Perú (1801-1806), en reemplazo del virrey
Ambrosio de O’Higgins (1796-1801). Avilés
se había encontrado con una situación
inestable en Lima: problemas en la hacienda pública,
guerra con Inglaterra con consecuencias negativas
para el comercio y la navegación, como
nos ilustra Rubén Vargas Ugarte [Vargas
Ugarte, 1966, t. 5, pp. 161-176]. |
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Humboldt
hizo varias investigaciones de orden científico
en Lima, pero no dejó de hacer evaluaciones
en su diario sobre las condiciones de vida imperantes
en la ciudad. Frecuentó a figuras connotadas,
accedió a libros de historia, recabó
información sobre geografía, cartografía
y minería peruanas. En este marco se sitúan
sus propuestas de corregir los mapas trazados
por Tofiño, Malaspina, Churruca, Fidalgo
[Faak, 1982, pp. 286 y 287], sus mediciones sobre
la localización exacta de Lima y el Callao,
sus contactos con el barón Timoteo de Nordenflycht
que había llegado en 1790 con una expedición
alemana de especialistas en minas y métodos
de amalgamación, llamado para mejorar el
rendimiento en la explotación minera (por
ejemplo en Huancavelica). Nordenflycht se desempeñaba
como director general de la comisión minerológica.
Tanto él como un especialista en amalgamación,
Anton Zacharias Helms le proporcionaron a Humboldt
referencias sobre la minería peruana en
varias regiones del Perú como Lauricocha
y Cerro de Pasco. Gracias a Nordenflycht, de acuerdo
con el profesor alemán, Hanno Beck, Humboldt
averiguó acerca del naturalista Thadeo
Haenke, venido en 1790 al Perú en la expedición
encabezada por el marino italiano Malaspina. Los
estudios de Haenke sobre la flora peruana, la
minería y el desarrollo de una noción
de geografía de las plantas le atrajeron.
Lo prueban las lecturas que hiciera de la obra
del naturalista bohemio [ver Beck, 1959, t. 1,
pp. 211 y 212; Minguet, 1969, pp. 174 y 175; Vargas
Ugarte, 1966, pp. 81-84; Tadeo Haenke: naturalista
y botánico, natural de Bohemia, autor de
una obra de descripción del Perú]. |
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Nuestro
viajero dedicó su tiempo además
a estudiar en la costa peruana las características
del guano como lo ha seguido detenidamente Antonio
Raymondi. Por último, no podemos olvidar
que el 9 de noviembre de 1802, Humboldt cumplió
con su deseo de ver el pasaje de Mercurio por
el disco solar: “ (...) descubrí
a Mercurio como un pequeño punto negro,
entre cuatro manchas del Sol ...” -dirá
[Raymondi, 1879, t. 3, p. 18]. |
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Amén
de estos trabajos, no faltaron las lecturas de
obras como los Comentarios reales del Inca Garcilaso,
seguramente la Lima fundada de Pedro de Peralta
(1732), Pedro de Oña y su Arauco domado,
La Araucana de Ercilla , las crónicas de
Pedro Cieza de León y Francisco de Gómara
y también informes sobre la expedición
de La Condamine, Antonio de Ulloa y Jorge Juan,
autores estos últimos de una Relación
Histórica del Viaje a Ia América
Meridional hacia 1748 [ver Núñez,
1971, p. 16]. Especial atención merece
el Mercurio Peruano (“de historia, literatura
y noticias públicas”), publicado
entre 1791 y 1795. Según César Pacheco
Vélez : “(...) la revista más
importante que se publicó por entonces
en toda Hispanoamérica (...)” [Pacheco,
1986, p. 33]. Humboldt conoció a uno de
los impulsores de dicho periódico (el sacerdote
Diego Cisneros), leyó el Mercurio dedicándole
“(...) muchas horas de recogimiento (...)
“como lo señalan Estuardo Núñez
y G. Petersen. |
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Envió
a Weimar volúmenes de esta publicación
que fueron en parte traducidos al alemán.
Incluso Goethe tuvo conocimiento de estas traducciones
[ver Núñez, 1971, p. 18]. Pacheco
Vélez hace hincapié en el carácter
de avanzada que tenía el periódico
y en lo que verdaderamente implicaba: “la
gran apertura del horizonte intelectual de los
criollos, la conciencia de su situación
limitada y dependiente, el anhelo de su autonomía”
[Pacheco, 1986, p. 33]. Un naciente nacionalismo,
se podría decir. |
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En
estrecha relación con el Mercurio Peruano
estaba el médico Hipólito Unanue,
uno de los fundadores de la Sociedad de Amantes
del País, patrocinadora del periódico.
Unanue fue asiduo colaborador de El Mercurio entre
1791 y 1795 (escribía bajo el seudónimo
“Aristio”), así como Baquíjano
y Carrillo entre otros hombres progresistas. Humboldt
trató en Lima a Hipólito Unanue.
Una mayor vinculación tuvo, no obstante
con el padre Diego Cisneros de quien dijo: “(...)
me ha interesado el Padre Cisneros del Escorial,
hombre de mucho talento y de un patriotismo poco
común, aún entre los mismos españoles
europeos” [Núñez, 1971, p.
198]. Por último, no podemos dejar de nombrar
entre las personalidades notables que Humboldt
frecuentó al matemático Santiago
de Urquizu que trabajaba en la Casa de la Moneda
y que Humboldt calificó como el “más
sabio y amable” de Lima [Ibid., p. 198]. |
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Humboldt
se relacionó con una elite criolla de Lima
abierta a las nuevas ideas de fuera. En términos
generales sus amistades o mejor dicho sus conocidos
se redujeron a este grupo de la población
blanca que lo acogió. En este sentido hubo
una cierta distancia hacia los otros sectores
de la población [ver Minguet, 1969]. Por
todo lo dicho, se constata una personalidad infatigable.
Pueden nombrarse, agregando unos puntos más,
que de ninguna manera agotan las actividades de
nuestro personaje, sus análisis sobre la
conducta de la gente de Lima (“las damas
de la ciudad se pasean en bellos coches”),
la arquitectura (el Convento de San Francisco,
el Paseo de Aguas, el palacio de Torre Tagle,
el castillo Real Felipe del Callao) o bien el
tiempo que consagró a arreglar sus herbarios
para ser transportados a Europa [ver Vegas Vélez,
1991, pp. 77-82; Botting, 1981, p. 143]. |
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Humanista
de actitud amplia y ecléctica, y a su vez
pendiente del detalle, nos deja sus impresiones
de viaje, no de manera sistemática, sino
con un cierto desorden propio del que no quiere
dejar pasar ninguna experiencia o sensación,
siguiendo el curso de lo que iba viviendo día
a día. Hasta aquí las actividades
del viajero alemán. A continuación
el juicio crítico sobre la ciudad. |
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| Lima
vista por Humboldt |
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La
Lima que Humboldt conoció a comienzos del
sigloXIX había recibido el influjo de varias
corrientes nuevas de pensamiento y había
sufrido algunos cambios decisivos fundamentalmente
durante los gobiernos de los virreyes Agustín
de Jáuregui (1780-1784), Teodoro de Croix
(1784-1790), Francisco Gil y Lemos (1790-1796),
Ambrosio de O’Higgins (1790-1801) y finalmente
Gabriel de Avilés (1801-1806). En 1784
bajo el virrey de Croix, las reformas borbónicas
se manifestaban en el Perú, por ejemplo
en la división del territorio en siete
intendencias. Se sufrían aún los
efectos del levantamiento de Túpac Amaru
(1780-1781) y de la creación del virreinato
del Río de la Plata (1776). En 1792, el
virrey Gil y Lemos hacía un censo de la
población de Lima que llegaba a 52,627
habitantes. El Perú de entonces alcanzaba
1.076,122 habitantes. Era la época de las
expediciones ya antes mencionadas de Malaspina
y Nordenpflycht. Momento fundacional del periodismo
con El Mercurio Peruano y el Semanario Crítico.
El gobierno del virrey O’Higgins se enfrentó
a ataques constantes de piratas ingleses, problemas
económicos y una mayor fuerza en las ideas
de fuera con cariz revolucionario, sobre todo
tras los acontecimientos en Francia en 1789 y
la Declaración de los Derechos del Hombre
y del Ciudadano. Ya bajo el virrey Avilés
llegará Humboldt a Lima [Se ha consultado
Vargas Ugarte, 1966, pp. 39-176 ; Del Busto, 1994,
pp. 209-230]. |
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No
deja de asombrarnos que pese a los progresos que
había en determinados círculos de
Lima, en cuanto a mayor apertura a las nuevas
ideas y en cuanto a la creación de instituciones
de avanzada (Convictorio de San Carlos, entre
otros), Humboldt sea tan implacable en su crítica
sobre la sociedad limeña, presentando como
raras excepciones a un minúsculo e insuficiente
puñado de criollos y penisulares. Acaso
podría tratarse de alguna estrategia para
enfatizar la urgente necesidad de cambios políticos
o de actitud por parte de la sociedad. Citémoslo
cuando escribe a don Ignacio Checa: “Un
caso muy triste que explica el estilo de gobierno,
presenta la reflexión presente. En Lima
mismo no he aprendido nada del Perú. Ahí
nunca se trata de algún objeto relativo
a la felicidad pública del reino. Lima
está más separada que Londres y
aunque en ninguna parte de la América española
se peca por demasiado patriotismo, no conozco
otra en la cual este sentimiento sea más
apagado. Un egoísmo frío gobierna
a todos y lo que no sufre uno mismo, no da cuidado
a otro” [Carta que se encuentra en Núñez,
1971, p. 198]. |
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El
estudioso alemán señala además
la crisis económica de Lima: “Hoy
en Lima, nadie llega a treinta mil [pesos de renta]
y poquísimos a doce mil. No he visto ni
casas muy adornadas ni señoras vestidas
con demasiado lujo, y sé que las más
familias están arruinadas todas”
[Ibid., p. 197]. |
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Juzga
adicionalmente que la decadencia de Lima es producto
de lo que él llama “la confusión
de la economía y el juego”. En lo
cultural, critica la falta de actividades de distracción,
subraya la suciedad de la ciudad y las carencias
de sociabilidad de su gente y es radical al decir
que “Lima sería el último
lugar de América en el cual quisiera vivir”.
Más allá de ciertas verdades indiscutibles,
¿qué inconvenientes pudieron presentársela
y condicionar sus opiniones? Acaso tengan algo
que ver ciertos problemas de sincronización
en su itinerario, dificultad para transportarse
a Méjico por no haber barcos disponibles
o algún otro imprevisto frustrante. O simplemente
se trata del deseo de acentuar su descontento
frente a lo que Estuardo Núñez ha
llamado “el país oficial” que
estaba alejado del “país profundo”
que Humboldt valoraba más [Núñez,
1971, p. 19]. |
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Quedan
aún varias interrogantes, pero no podemos
olvidar de ninguna manera las reflexiones que
el sabio alemán hiciera sobre la conciencia
nacional de los limeños, la falta de patriotismo,
el egoísmo que, según él,
los caracterizaba. Todas estas consideraciones,
hechas hace casi 195 años, a fines de la
época colonial, por el alemán más
conocido en América Latina, constituyen
aún hoy sino una incitación, una
motivación para seguir buscando, en plena
era republicana, nuestra identidad, nuestro proyecto
nacional, la descentralización en los distintos
niveles, las formas más adecuadas de integración
entre las regiones y sectores que conforman nuestro
país.
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