Biólogo de campo, fotógrafo de naturaleza, deportista azul

Desde niño he tenido una fuerte fijación por los animales. Recuerdo nítidamente la primera vez que mi padre me llevó a los humedales de Villa y descubrí a un ave rapaz. En algún otro momento de mi niñez crié junto con mi abuela orugas de mariposas y polillas. Me pareció increíble ver todo el proceso de metamorfosis de estos insectos, desde que fueron simples gusanos hasta convertirse en majestuosas y coloridas mariposas. Hasta el día de hoy me acompaña ese recuerdo.

Cuando yo era chico nos íbamos los fines de semana a Chosica en busca de sol y en verano íbamos religiosamente de campamento a la playa, a correr olas. Ahí aprovechaba para conocer los animalitos que la habitaban. Así formé mi carácter, siempre buscando hacer algo que le dé mayor emoción a esas pequeñas salidas; trepar un cerro, recolectar renacuajos, rescatar un ave herida, pescar, curiosear una cueva, etc. Poco a poco esa información visual que iba adquiriendo del mundo natural fue generando curiosidad y muchas dudas. Oía los nombres que los adultos mencionaban, pero quería saber más; por ejemplo qué era un muy muy, de dónde provenía y cómo demonios hacía para sobrevivir bajo la arena y el mar; qué era un mamífero y por qué es un mamífero, o por qué nuestro mar es frío y qué tenía eso de especial… En fin, conforme fui creciendo, me generaba estrés no entender tantas cosas que por ahí alguien nombraba con tanta naturalidad y que casi nadie era capaz de explicarlas.

Poco a poco esas explicaciones fueron llegando en las clases de biología del colegio, y que extraño mucho. En vez de salir a jugar en la Pause, aprovechaba para subir al tercer piso del Humboldt 1 a los laboratorios de Bio. Ahí había toda clase de animales disecados a ambos lados del pasillo. Pasar por ahí me hacía querer salir y explorar la naturaleza, y a la vez, un sentimiento de vacío, y me preguntaba cómo podría hacer para ver a todos esos animales vivos. En ese momento aún no me había percatado de la inmensidad del mundo natural, tan infinito y en constante evolución.

En el Humboldt 2 me resultaron bastante fáciles los cursos de biología y química; me gustaban las ciencias naturales. No me perdía una clase del Herr Biernoth (química), de la Frau Kennedy (Biología y química), ni de la Frau Ulfe (también biología y química). Cada clase me sorprendían con novedades y la mayoría de veces hallaba esas tan buscadas respuestas o al menos me daban las herramientas para finalizar mi búsqueda. Sin embargo, en 4to de secundaria decidí que quería ser piloto de avión, que me encantaba por el gusto adquirido también a través de mi padre con quien armábamos aviones de guerra a escala o íbamos a ver volar aviones de escala a combustión en Villa.

Un día tuve una conversación con mi padre y mi madre. Si elegía la opción de ser piloto, tendría que pasar la mayor parte de mi vida alejado de los animales y del mundo natural. Entonces mi padre preguntó: ¿Qué es lo que más te gusta hacer? Respondí: Windsurf. Luego él me dijo: ¿Por qué no buscas algo que no te aleje de eso? Sin darme cuenta, el windsurf me estaba acercado a la Biología; me permitía llegar a lugares imposibles de acceder con otro medio y a la vez me ponía en contacto con los animales que más quería conocer; aves y delfines. Era la herramienta perfecta para verlos de cerca, sin hacer bulla ni contaminar su hábitat. El resultado final fue estudiar Biología.

Al inicio de la carrera me incliné mucho por las aves, me compré libros y empecé a identificar todas las aves con las que me cruzaba. Ser ornitólogo no sonaba mal. Fui pasando por varias etapas y gustos, pero nada me atrapaba plenamente. Siempre que empezaba a entender un tema o un grupo taxonómico, ya estaba pensando en el siguiente. Hasta que mi inconsciente afloró a la realidad: Los cetáceos. Los cetáceos han sido el grupo de animales que más me han llamado la atención desde pequeño. A muchos les parecerá lógico, ya que son animales grandes, atractivos y hay muchas películas acerca de ellos. Pero, para mí, son animales que esconden secretos e información fascinante. Animales que han tardado miles de millones de años en aparecer y en adaptarse a un ambiente sumamente hostil y que a la vez son tan cercanos a los seres humanos. Siempre pensé en ellos, pero de manera tangencial. Creía que para estudiar ballenas o delfines tenía que irme a Hawaii, Canada, Alaska o la Antártica. No porque no supiera que en nuestro mar habían ballenas (y de todo tipo), sino porque siempre tuve la convicción de que no había apoyo ni infraestructura que respaldase investigaciones de tal magnitud. Y así lo fue, hasta que hace unos años, un grupo de biólogos jóvenes y aventureros apostaron por crear la primera empresa de whalewatching en el Perú y que ésta a su vez fomentara, educara y sustentara la conservación de las ballenas en el Perú.

Hace 4 años ingresé a trabajar en dicha empresa ubicada en Los Órganos, al norte de Perú. Empecé ayudando a los guías. Pasada esa temporada con las ballenas, viajé como practicante a Ushuaia (Tierra del Fuego, Argentina), al museo Acatushun que se especializa en mamíferos y aves australes. Allí aprendí mucho acerca de los cetáceos. Principalmente hacíamos estudios óseos de animales varados, por lo tanto llegué a conocer muy de cerca la anatomía de los cetáceos, y si creen que la palabra cetáceo abarca solo ballenas y delfines, están equivocados. Es un mundo mucho más amplio. Cuando regresé al Perú llevé un curso intensivo en Punta San Juan de Marcona sobre ecología y conservación de mamíferos marinos organizado por la escuela de posgrado de la universidad Cayetano Heredia.

Luego conseguí nuevas prácticas. Esta vez en Galápagos, en la división de investigaciones marinas del Parque Nacional Galápagos. A toda costa quería seguir aprendiendo acerca de los cetáceos. Para mi buena suerte el año que estuve en Galápagos coincidió con la llegada de Hal Whitehead, un investigador experto en cachalotes y de mucho renombre en el rubro. Mi jefe sin pensarlo dos veces me embarcó junto con Whitehead, ya que necesitaban un biólogo para los extenuantes trabajos de investigación a bordo. La expedición duró dos semanas a bordo del pequeño velero de Whitehead, llamado Balaena (ballena en latín). El trabajo constó de varias partes, ya que la investigación era para una tesis doctoral de la Universidad de Dalhousie, en Halifax, Canadá. Identificamos a los cachalotes tomando fotografías de las aletas caudales en el momento que se sumergen y grabamos los sonidos de sus comunicaciones haciendo uso de hidrófonos. Adicionalmente tomábamos muestras de piel y heces para posteriores análisis hormonales y moleculares. Con toda esa experiencia estaba más que preparado para volver a Perú y trabajar como investigador y guía.

La empresa en la que actualmente trabajo se dedica principalmente al whalewatching, por lo tanto su fuerte es el ecoturismo y se pueden hacer muchas cosas importantes: aprovechar las salidas guiadas con los turistas para tomar datos de las ballenas jorobadas y delfines que rondan la zona. Realmente es un lujo porque nos permite estar durante 4 meses (tiempo en el cual se avistan ballenas jorobadas en el Perú) tomando datos constantemente, algo que ni las investigaciones mejor financiadas por grandes universidades pueden hacer. Esto ha permitido resolver varias hipótesis que estuvieron latentes durante muchos años. Gracias a estas salidas con turistas es que se pudo sustentar que el norte peruano es un lugar de reproducción y crianza de las ballenas jorobadas. En el pasado se creía que simplemente pasaban por acá, ahora eso está desmentido, convirtiendo a Los Órganos y al norte peruano en un lugar de suma importancia para la conservación de esta especie de ballena. Las jorobadas habitan en todos los océanos, pero las que nos visitan a los peruanos son aquellas provenientes de la Antártica. Durante los meses del verano austral, las ballenas jorobadas se alimentan en un área que abarca desde la península Antártica hasta el estrecho de Magallanes. Una vez satisfechas y con la mayor cantidad de reservas energéticas acumuladas, inician la migración más larga que se da entre los mamíferos, abarcando 8000 kilómetros desde el polo sur hasta Costa Rica en busca de aguas templadas y tropicales. Su llegada a aguas peruanas se da a partir de junio-julio y es en septiembre-octubre cuando las vemos con mayor frecuencia y con mucha actividad en la costa norte, donde los cortejos y batallas de apareamiento se dan casi todos los días. Además muy cerca de la costa se pueden observar a las enormes madres dando de lactar a sus ballenatos, así como enseñándoles conductas natatorias. Finalmente, para culminar su ciclo migratorio, a partir de noviembre, una vez que sus crías tienen el tamaño y la grasa suficiente para soportar las gélidas temperaturas subantárticas y antárticas, empiezan su retorno hacia el polo sur donde se alimentarán nuevamente durante los meses de verano.

Por otro lado también realizamos charlas educativas en colegios de Los Órganos y Máncora, porque dentro de la conservación tiene que haber educación. Además todos los años dedicamos una noche solamente para las ballenas, donde reunimos a todo el pueblo de Órganos para seguir informándolos y concientizándolos acerca de este invaluable recurso mediante charlas, proyecciones de películas, concursos, etc. Pero mi trabajo no termina ahí. Desde hace unos años empezamos a tomar datos de delfines, en específico del delfín común de hocico largo (diferente al que vemos en las playas al sur de Lima), el cual también, misteriosamente, desaparece del mar organeño durante los meses de verano. Como tema de tesis tengo el levantamiento de información para la caracterización ecológica de esta especie de delfín, de la cual se sabe poco o nada, y sin embargo es la especie que presenta mayor mortandad ya que es muy propensa a quedar atrapada en redes de pesca costeras.

Lo bueno de todo esto es que, dicho y hecho, el windsurf ha ido paralelamente con la biología casi todo el tiempo. Los Órganos es uno de los mejores lugares de viento en el Perú, así que muchas veces después de mis horas de trabajo, armo mi windsurf y entro nuevamente al mar. En ocasiones me encuentro con alguna ballena o grupos enormes de delfines comunes. Incluso aprovecho estos encuentros con los delfines para seguir tomando datos.

La Biología también me ha ido llevando hacia la fotografía. Por ahí alguien me dijo: “Un biólogo de campo, también tiene que ser fotógrafo de naturaleza”. La mano fotográfica puede representar un gran aporte así como una valiosa perdida de información si se hace de manera incorrecta. Trato de llevar ambas disciplinas de la mano, ni la biología, ni la fotografía excluye una a la otra. A fin de cuentas soy biólogo porque me apasionan los animales y para mí, una gigantesca satisfacción es mantener el recuerdo de esos seres vivos en la fotografía, y mejor aún si puedo compartirla con ustedes.

Después de haber estado realizando otros proyectos y expediciones durante el 2014, esta temporada 2015 he vuelto al mágico norte peruano para seguir aportando a la conservación de estos animales. Este año se pretende implementar nuevas medidas y nuevos proyectos. Un gran desafió es también la liberación de ballenas atrapadas en redes de pesca. En más de una oportunidad durante los tours nos hemos encontrado con la tristísima escena de ballenas enredadas. En una ocasión intentamos liberar a una, pero los esfuerzos fueron inútiles debido a los fuertes vientos y la falta de herramientas necesarias. Esperemos estar bien preparados este año por si nos topamos con algún indefenso gigante.

Eduardo Larrañaga, prom 2006

Im Norden, im Süden, wo es nur immer ist,
vergiss nie, dass du ein Humboldtschüler bist.